El concurso anual, celebrado en Barcelona, reunió a sumilleres, bodegueros y amantes del mundo vitivinícola
La histórica Llotja de Mar en Barcelona acogió la celebración del Premio Vila Viniteca de Cata por Parejas, un certamen que cumple su 18 edición y que destaca por su singularidad y nivel de exigencia.
Un total de 125 parejas de catadores se enfrentaron a un reto mayúsculo: identificar a ciegas, únicamente con la ayuda del olfato, el gusto y una sólida memoria sensorial, el país, la zona, la denominación de origen, la variedad de uva, la añada, el elaborador y la marca de los vinos seleccionados por la organización.
Siete botellas en la fase clasificatoria de la mañana y otras siete en la Gran Final para las diez parejas que lograron superar el primer corte. Catorce vinos en total y una proeza reservada solo a los mejores.
Un reto internacional y sensorial de alto nivel
Desde las 10:30 horas hasta el mediodía, la concentración era absoluta. Entre las mesas se escuchaban distintos idiomas: este año, los participantes procedían de diez nacionalidades diferentes, confirmando el carácter internacional del certamen. Muchos de ellos eran sumilleres, elaboradores o profesionales del sector, conscientes de que en una prueba de estas características se combinan conocimiento, experiencia, intuición y, por qué no, una pizca de audacia.
La tensión se palpaba especialmente cuando, pasadas las 14 horas, Quim Vila y Siscu Martí, propietarios de Vila Viniteca, aparecieron en la sala principal acompañados por un jurado de auténtico lujo. Entre ellos, la elaboradora Xandra Falcó; Fernando Gurucharri, presidente del jurado; Jordi Segura, responsable de Riedel-Euroselecció; Paz Levinson, directora de vinos del grupo Anne Sophie Pic en Francia; y los expertos Juan Muñoz, colaborador de este medio, y José Peñín. El silencio fue sepulcral cuando se anunciaron las diez parejas finalistas que disputarían la prueba definitiva por la tarde.
Durante la mañana, los concursantes se habían enfrentado a una selección de vinos de altísimo nivel, entre ellos Gramona Imperial 2019 (Corpinnat), Bimbache John Stone 2024 (El Hierro), Domaine des Comtes Lafon Meursault Premier Cru Porusot 2022 (Borgoña), Sine Qua Non Aperta 2018 (California), Juan de Anguera Viña de la Gloria 2020 (DO Montsant), The Sadie Family Columella 2023 (Sudáfrica) y Château Climens 2010 (Burdeos). Una alineación que muchos veteranos calificaron como especialmente exigente, incluso más compleja que en ediciones anteriores.
La emoción de la gran final
Tras una pausa para recuperar fuerzas, a las 16 horas comenzó la Gran Final. En esta ocasión, el tiempo se reducía a una hora. La segunda batería de vinos incluía referencias como Schloss Gobelsburg Tradition Heritage Cuvée 10 Years (Kamptal), Las Rocas de San Alejandro Garnacha Viñas Viejas 2023 (Calatayud), Château Lafleur 1983 (Burdeos), RL Legras Cuvée Saint-Vincent 2012 (Champagne), Pepe Raventós Mas del Serral 2014 (Cuenca del Río Anoia), Le Gallais Wiltinger Braune Kupp Spätlese 2019 (Mosel-Saar-Ruwer) y González Byass Tío Pepe Amontillado Cuatro Palmas Saca 2017 (Jerez). Una selección que obligaba a afinar hasta el último matiz.
Finalmente, el notario del concurso desveló el veredicto. La euforia estalló en la sala cuando se pronunció el nombre de los ganadores: Álvaro Ribalta y Thomas Luke Parker, que se alzaron con el primer premio dotado con 35.000 euros tras una actuación impecable. Ribalta, barcelonés afincado en Londres y poseedor del prestigioso título de Master of Wine, lidera actualmente el proyecto Massale; por su parte, Parker es un reputado experto en el mercado de vinos de lujo en la firma británica Farr Vintners.
El segundo premio, de 10.000 euros, fue para Ramón Jané (Bodega Mas Candí) y Toni Carbó, elaboradores de vinos y Corpinnat en el Penedès y veteranos del certamen, donde ya habían triunfado en anteriores ocasiones. El tercer puesto, con 5.000 euros, recayó en los jóvenes Alberto Ruffoni y Patricio Zárate, sumiller y consultor, respectivamente.
Más allá de la competición, el evento se vivió como una auténtica celebración del vino en el espléndido marco de la Llotja de Mar. Los asistentes pudieron disfrutar de estands con vinos de excelente calidad y una destacada selección de quesos, en un ambiente donde reinaban el compañerismo, la pasión y el respeto por el conocimiento.
Una vez más, el Premio Vila Viniteca de Cata por Parejas demostró que la cata a ciegas sigue siendo uno de los ejercicios más nobles y exigentes del mundo del vino. Y que, cuando el talento se encuentra con la emoción, la Llotja de Mar se convierte en escenario de momentos verdaderamente inolvidables.
Si te interesa: LAS NUEVAS ESTRELLAS MICHELIN 2026
Síguenos en Twitter, Facebook, Instagram o recibe nuestras noticias pinchando aquí.