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Qué se come en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026

Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026

Más de 3.000 huevos y 450 kg de pasta servidos diariamente solo en el epicentro milanés

Mientras los cronómetros dictan sentencias en las pistas de hielo y nieve, en las cocinas de los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 se libra otra competición: la de alimentar a la élite del deporte mundial bajo el exigente sello del Made in Italy. Con más de 3.000 huevos y 450 kilogramos de pasta servidos diariamente solo en el epicentro milanés, la logística alimentaria de estos Juegos se ha convertido en el «combustible» oficial de las medallas, uniendo la precisión del rendimiento deportivo con la calidez y el rigor de la hospitalidad alpina.

Bajo el concepto estratégico de Food for Fuel, los organizadores han diseñado un plan nutricional que funciona de manera ininterrumpida las 24 horas del día. La oferta se reparte entre los tres núcleos principales del norte del país durante los Juegos -Milán, Cortina d’Ampezzo y Predazzo- y una red de once hoteles de apoyo en localidades estratégicas como Bormio, Livigno y Anterselva.

El reto logístico es mayúsculo, no solo por el volumen de los miles de comidas diarios preparados por equipos de chefs especializados en cada restaurante, sino por la necesidad de equilibrar los carbohidratos complejos necesarios para competir a temperaturas extremas con las restricciones religiosas, culturales y las sensibilidades éticas de delegaciones que llegan desde todos los rincones del planeta. El objetivo final es ambicioso: lograr que cada deportista, sin importar su origen, encuentre un pedazo de su hogar en el plato.

La pasta es uno de los platos más demandados

Gastronomía viral en la Villa Olímpica

En este escenario, el protagonismo de la pasta es absoluto. El chef Carlo Cracco, al frente del restaurante Cracco in Galleria en Milán con una estrella Michelin, ha diseñado para la ocasión los «Anillos Olímpicos», una pieza de arquitectura de trigo que emula el símbolo de los Juegos y que busca representar la unidad a través de la sencillez del ingrediente. La receta «alla Crudaiola», típica de la región de Puglia, incorpora tres tipos de tomate, anchoas y aceitunas.

Esta «food mania» digital ha transformado el comedor olímpico en un plató de televisión improvisado; atletas como la canadiense Courtney Sarault han viralizado su entusiasmo por postres como el molten chocolate cake (coulant de chocolate), mientras otros, como el patinador Gleb Smolkin, han confesado una saturación ante la omnipresencia de la dieta mediterránea, reclamando sabores más cercanos a la cocina rusa o georgiana.

Pero lo que realmente diferencia a estos Juegos de sus predecesores es su capacidad para descentralizar el sabor y evitar la monotonía de las grandes cantinas internacionales. Cada sede actúa como una embajadora de su propio territorio, permitiendo que la gastronomía sea una extensión natural del paisaje que rodea a los atletas.

En las montañas de la Valtellina, los deportistas se rinden ante la bresaola (embutido italiano elaborado con carne de vacuno) y los pizzoccheri (pasta tradicional del norte de Italia, originaria de la zona de Valtellina, en Lombardía) de trigo sarraceno, mientras que en el Alto Adige los canederli (grandes bolas hechas típicas de Trentino-Alto Adigio a base de pan duro, leche y huevo, a las que se añaden ingredientes como speck, queso o espinacas) y los quesos locales demuestran ser el soporte energético ideal para el duro clima de montaña. Incluso la pizza vive su propio experimento global: desde esquiadores estadounidenses que confiesan consumirla en cada comida hasta la aparición de versiones tropicales con piña en las pizzerías históricas de Livigno, demostrando que en el contexto olímpico, el gusto global a veces desafía los cánones de la tradición local en favor del placer inmediato.

Las casas olímpicas: diplomacia cultural a través de la mesa

Fuera de los pabellones y las villas de descanso, la ciudad de Milán se ha transformado en un vibrante mosaico de Olympic Houses. En palacios históricos, centros culturales y hubs creativos, países como Brasil, Suecia, Corea del Sur, Chequia o Suiza han creado espacios de hospitalidad donde la gastronomía se convierte en lenguaje de intercambio y carta de presentación ante el mundo.

En estos espacios, entre aperitivos italianos y degustaciones temáticas de cada país, el público, los periodistas y los atletas victoriosos celebran los triunfos en un ambiente de integración cultural único. Estas casas no solo promocionan sus territorios a través de sabores identitarios, sino que ofrecen un refugio de convivencia donde el deporte y la mesa se fusionan.

En definitiva, Milano Cortina 2026 está demostrando que en el deporte de élite, el éxito depende tanto del entrenamiento como de la capacidad de transformar la tradición en el plato. Entre el rigor nutricional y la fiebre de TikTok, Italia está sirviendo unos Juegos donde la cocina local ya se ha llevado el oro.

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